Amado Dios, hoy vengo ante Ti con el corazón abierto, cargado de
pensamientos, preocupaciones y cansancio. Hay días en los que me siento sin
fuerzas, con la mente agotada y el alma inquieta, pero sé que en Ti
encuentro descanso, alivio y consuelo. Tú eres mi refugio seguro, la roca en
la que me sostengo y la luz que me guía en la oscuridad.
